Como siempre, estamos agracecidos con la guachada de la fiesta quenos invitó y confió en nosotros (sobre todo a la hora de pintar objeto semejante como un longboard) y en nuestras habilidades de entretenimiento visual y por qué no, en el arte de hacer el payaso con esos adorados duendecillos que se nos acercan curiosos a ofrendarnos tragos de cerveza, pedidos de fanzines y palmadas en el hombro. Vamos, che!













